“Yo quisiera hacer un llamamiento de manera especial a los hombres del ejército y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles: hermanos, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos y ante una orden de matar que dé un hombre debe prevalecer la ley de Dios que dice "No matar". Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día mas tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios; Cese la represión”.
Estas son palabras de su última homilía. Al día siguiente es asesinado mientras celebraba la eucaristía. Hace unos días fue el aniversario de su asesinato. Hoy, quiero hacer un homenaje a Oscar Romero. Su entierro fue un clamor popular - acompañado de más represión hacia la multitud que se concentraba a las puertas de la catedral-.
No es necesario que el Vaticano lo canonice (cosa que de todas formas nunca hará). El pueblo aquel día lo declaro Santo. Los seguidores de Romero tampoco queremos que lo canonicen del mismo modo que lo hicieron, por ejemplo, con Escriva de Balaguer.
Romero es un Santo sin altar, sin peana, sin velas, es un Santo del Pueblo. Romero fue de los hombres a quien gustaba pisar la tierra, y pisar fuerte; tierra ensangrentada por tanto sufrimiento y por tanta humillación, por el dolor y la represión, por tanta ignominia e injusticia.
Ahora, tras lo sucedido con Jon Sobrino, esta claro que el Vaticano nunca canonizará a Oscar Romero; los santos que gustan al actual sucesor de Pedro son de los de peana. Falta voz profética en esta Iglesia, y esas voces son acalladas. Jon Sobrino es una de esas voces proféticas, voz de denuncia y de futuro; por eso, como los profetas del Antiguo Testamento, ha sido condenado al silencio, igual que tantos otros (José María Castillo, Juan Antonio Estrada).
Esa misma voz profética resunea entre los muros vivos de la Iglesia de San Carlos Borromeo de Vallecas, y es acallada, silenciada. Basta ya de Represión.
Y es que la voz profética es difícil de entender desde los suntuosos salones de palacio.
1 comentario:
Pedro Antonio
Recibe un abrazo de bienvenida.
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